Bienaventurada Providencia
Bienaventurada Providencia
(Una leyenda taína de los pelos)
Por Gus Ange.
Quien me manda?
Porque razón no me permito disfrutar mis merecidas vacaciones en paz como todo pequeño burgués, que fuerza Interior me tira del brazo para levantarme de la cómoda reposera con vista al mar Caribe. Qué es lo que me impulsa a caminar y caminar incesantemente más allá de la voracidad por conocer y conocer, nuevas tierras, nuevos pueblos, nuevas culturas, nuevas costumbres, nuevas incertidumbres, acaso no alcanzaba con las playas cercanas al hotel, Jhony Kay, Rocky Kay, todo okay y la vuelta a la isla colombiana tan geográficamente nicaragüense, isla San Andrés, vuelta que incluye el simpático chasco natural, el hoyo soplador y una de las tantas cuevas del pirata Henry Morgan, formación geológica conforme a imagen y semejanza de la imaginación de Emilio Salgari.
Que espíritu diabólico me lleva a peregrinar de isla en isla, como aquel derrotero precolombino de los taínos que dejaron su Amazonas natal, Orinoco arriba para deambular y desparramar su etnia como racimo de uvas por todas las Antillas, en Mayor y Menor medida. Al son de Chan Chan.. Llego a Cueto para Guanahaní, cantarían los taínos.
Que secreta inercia me decide a tomar vuelo en una avioneta de papel rumbo a la parte más virgen del archipiélago.. designio de la Providencia, así se llama esta isla más salvaje y por ende aún más paradisíaca, caminar y caminar, conocer y conocer, no me basta aquí tampoco las playas cercanas al hotel, luego de baños placenteros en el mar y tras las primeras zambullidas por debajo de las olas, un cierto cosquilleante masaje de peces en pies que me causó gracia, ( serán garra rufa? pucha que son divertidos) pero aún me resultó más gracioso saber que del otro lado del océano muchos pagan poniendo sus pies en peceras y que dicho servicio lo llaman ictioterapia.
Cuando dejé aquel mar en Paz...la pluma de Octavio me hizo notar que "una ola se adelantó entre todas. Era esbelta y ligera. A pesar
de los gritos de las otras, que la detenían por el vestido flotante, se colgó de mi brazo
y se fue conmigo saltando".
Mar, peces comiendo células muertas de los humanos como minúscula e ingenua revancha, admito rebuscada asociación...de mente, se me apareció la imagen de la legendaria calabaza taina. La que colgaba del techo del bohio donde el arrepentido y culposo baba Yaya por su ira fatal, había guardado los huesos de su desobediente hijo Yayael... al cabo de unos días vió que sus restos se habían convertido en peces, se sobresaltó cuando al comer uno se multiplicaban los restantes. Tras la aparición traviesa y angurrienta de cuatro gemelos idénticos, uno de ellos con voz de mando, Deminán Caracarol, aprovechando la ausencia de Yaya, lideró la hazaña de deglutir buena parte del cardumen pero al intentar colocar el envase prodigioso en su lugar antes que regrese Don Yaya del conuco, de trabajar la tierra, a estos cuatro pequeños diablillos, producto de la nerviosa torpeza o del torpe nerviosismo, la mágica calabaza se le resbaló de sus manos, fue al piso, se hizo añicos y de esta comenzó a fluir tanta agua, tanta agua pero tantísima agua que dió origen sucesiva e incesantemente a manantiales, ríos, lagunas, lagos, mares y océanos.
Mientras cual lagarto me secaba al sol una pareja exhibicionista de su relativa aristocracia.. de indescifrable idioma (descartando obviamente el plebeyo kriol) pero indisimulable soberbia, más que altivez, me miraban despectivamente, es evidente que en todas partes y en todas épocas los nitaínos nunca se bancan compartir espacios de placer con los naboiras.
Al final de esa playa de Edén, un promontorio imponente se erguia con frondosa prestancia y un tentador sendero invitaba prometiendo, en vano, un rápido acceso a playa vecina, después de unos 15 minutos de seguir camino perfectamente delineado esa cualidad se fue desvaneciendo, surgiendo a cada paso engañosas bifurcaciones y como suele suceder en esta vida tragicómica por ley de Murphy, Eddie Murphy, uno escoge la peor opción en los hechos, pero la mejor para esta narración, los altos pastizales se transforman en látigos que me van dejando marcas en las piernas. Estoy perdido, me gana la desolación, muerto de sed solo puedo tomar descanso.
Temiendo ataques silvestres insectos abyectos, venenosos arácnidos, reptiles, serpientes constritoras , aves rapaces de cualquier cosa... soy atacado a traición por alambre de púa, maldigo la con...cepción de la propiedad privada..grito con bronca la lucha continúa...a desalambrar!
Recomienzo a recriminarme porque razón no me permito relajar y disfrutar mis merecidas vacaciones en paz..
Otra asociación libre, .me hace comparar en forma desmedida mi cansancio más moral que físico con los ataques de asma del Che en Sierra Maestra o en plena selva boliviana y del comandante y su clara transparencia ligo al primer rebelde Hatuey quien también en tierras cubanas resistió ante imperio colonizador que no pudo "civilizarlo" (o imperio civilizador que no pudo colonizarlo) ni cuando su cuerpo crucificado ardía en llamas.
Agobiado pero no vencido, me pregunto si existe ese instinto maternal, preocupado más por la preocupación de mi vieja que no presienta algo fulero.
El botinero de Boca, leal compañero con sus colores me alienta...hoy no podemos perder!! Me reincorporo, reinicio la marcha por algunos momentos pausada, por otros alocada, por momentos una marcha de goce de la naturaleza con un espíritu de Indiana Jones y otros una marcha de la bronca. Temeroso y temerario.
Nunca elijo hacer turismo aventura pero la desventura sí me sorprende y me elige a mí y me encuentra caminando con una audacia extraña en mi persona, por la cornisa de un morro de costado como petrogrifo de faraón egipcio al filo de un precipicio de 20 mts de altura, dando minuciosos pasos sobre un estrecho balcón rocoso obviamente sin baranda, un carácter ignoto de mi personalidad, con la ñata contra la piedra, mis dedos como petreas garras y todo mi ser bien pegado contra la ladera del promontorio...imaginaba alguien desde una embarcación mirando con largavista no pudiendo divisarme, era una figura geo-ilógica más del paisaje... ante tanta tensión muscular de muslos y pantorrillas ruego que no conspiren los frecuentes calambres que en estas circunstancias además de traicioneros podrían llegar a ser fatídicos, transpirando a cascadas más por la alta aventura que por la alta temperatura, un temple ajeno a mi ser, respirando o intentando respirar con calma fui avanzando lateralmente ante semejante obstáculo que tenía otros veinte mts de largo y de viento...miento si digo cuántos minutos me llevó, pero no sé si será por instinto de supervivencia o lucidez de ocasión que me logro tranquilizar ante tamaña adversidad, implorando a diosa Atabey y emprender ahora el desafío de saltar evitando caer al vacío, dónde abajo se oyen olas romper contra rocas, superar el vértigo saltar a una próxima superficie verde esperanza, otra ladera pero de verde césped, hacia allí lancé el botinero y ojotas para tener manos libres, luego debía lanzar mi humanidad con la incertidumbre de dónde agarrarme una vez aterrizado, tal vez un gran yuyal de donde sujetarme, no era sino un cemí por suerte mis piernas no me dejan a gamba, con buena musculatura y reacción para estos avatares me permitió inmediatamente tras el salto con el mismo impulso hacer diez pasos barranca arriba y ya estar a salvo en la planicie. Me rehice del momento límite y me rehice de mi botinero...
Unos cuantos minutos más de caminata más pero ya había vuelto a la vida, un pasillo arbolado en descenso a la dichosa próxima playa y al mar... recién allí solo perdí una ojota.
Haciendo la plancha en el mar de los siete colores, mirando al cielo de un solo color celeste, acariciado por sus tibias aguas haciendo el amor con Atabey, diosa del mar, otra vez en Paz...como Octavio con su vida con su ola "Todo era playa, arena, lecho de sábanas
siempre frescas. Si la abrazaba, ella se erguía, increíblemente esbelta, como tallo
liquido de un chopo; y de pronto esa delgadez florecía en un chorro de plumas
blancas, en un penacho de risas de caían sobre mi cabeza y mi espalda y me cubrían
de blancuras....Plena y sinuosa, me envolvía como una música
o unos labios inmensos. Su presencia era un ir y venir de caricias, de rumores, de
besos..."
Reflexionaba sobre las recientes experiencias sorteando latente peligro de vida y cuestionaba si se trata de autoflagelo...
Porque razón no me permito disfrutar mis merecidas vacaciones en paz como todo pequeño burgués...el modesto escritor agradecido... espero que el lector también.

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